Lonely planet

Lógica aplastante, épica de sacacorchos: Lonely planet apareció y el planet dejó de estar lonely. Y se creó lo que conocemos como itinerarios. Algunos pueblos recónditos, bendecidos por el aislamiento geográfico y la inalteración de siglos, murieron de tristeza al conocer que jamás serían dignos de mención en las rutas turísticas, las recomendaciones de los hostales y los planos del país. Otros pueblos recónditos, bendecidos por sitiarse bajo las faldas de un espectáculo natural, cerca de las ruinas de una civilización antigua o en las alturas de algún puerto de paso, aplaudieron con tesón la aclamada aparición del mundo solitario.

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La la la, la la la, la la la la laaaaaaa.

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Rito: La vaca

La vaca simboliza la madre. En los Upanishads (los 200 libros sagrados hindúes que datan del siglo VII a.C.) la riqueza se medía por el número de vacas que cada cual poseía. La vaca no debe ser asesinada porque ofrece generosa y dulcemente todo lo que el ser humano necesita sin pedir nada a cambio. De acuerdo con Álvaro Entrerría en su libro India from within, cuando decimos “vaca sagrada” estamos cometiendo un error de comprensión. “En la cultura occidental existe la dicotomía entre lo sagrado y lo profano, siendo esta muy marcada”. Sin embargo, en la cultura india, todo objeto viviente es en cierta manera sagrado. La única diferencia que existe es el rango de lo que se considera sagrado.

La vaca gibada que ríe.

La vaca gibada que tira de un carro.

La vaca podría ser el animal rey, aquel que ocupa la cúspide en la jerarquía sacra, aquel cuyos productos son puros, aquel que cuando ve acercar la muerte, se le deja libre para que muera en paz. El canibalismo hindú incluye también a las vacas.

Razones de peso no faltan si acudimos a la métrica economicista. Las vacas valen más cuando están vivas que cuando están muertas. Siempre habrá el pseudo-ignorante afirmando “joder, con la cantidad de hambre que pasan estos pobres escuálidos y tienen vacas sueltas por todos lados”. Pues bien, de la vaca sale leche, de la leche sale yogur, de la leche sale queso, la vaca tiene fuerza, con la fuerza se aran los campos, donde la vaca echa mierda, de la mierda combustible, del combustible se desprende energía, la energía se usa para hervir la leche, de la mierda sale adobe y del adobe se construye el techo. La vaca, queridos amigos, sonríe mejor cuando está viva.

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El círculo

“¿Y cuánto tiempo llevas en la India?”

“Dos meses”.

“¿Y qué es lo  que más te gusta de la India?”

“El círculo”.

“¿Y qué es lo que más odias de la India?”

“El círculo”.

“¿Y qué es lo  que más echarás de menos de la India?”

“El círculo”.

“¿Y qué es el círculo?”

“El tiempo que llevo en la India”.

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Cortar por lo sano

En la celda contigua, una treintañera delgada con los pómulos marcados gritaba desaforadísima y poseída por los sudores: “¡Quiero mi metadona! ¡Quiero mi metadona! ¡Señor, mi metadona, que si no me pongo malita!”. Ella en realidad quería cortar con todo aquello, cortar por lo sano tajantemente, cortar todo vicio y luego todo síndrome de abstinencia. Y por eso los motivos que la llevaron al agujero fueron las incisiones limpias con un cristal en el cuello de su pareja, treintañero delgado con los pómulos marcados. El cuello, digamos, era lo único sano que se podía cortar.

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Las tallas de la ciudad

Talla sobre mis yemas las salamandras de la noche
que suben y atrapan los mosquitos con la boca

sobre los cristales de polvo

sobre la faz de la ciudad contaminada

sobre la mortandad de los cuerpos que se envuelven con sábanas

y que devuelven la mirada de alguien menos vivo que yo.

Talla sobre mis pómulos la viruela endemoniada
que no para de hacer presencia en otras caras

sobre el vagón donde las mujeres viajan

sobre la pregunta en hindi con respuesta errada

sobre la gravedad de las higueras que se envuelven con el tráfico

y que devuelven el olor de un verano más vivo que yo.

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Cemento mori

Alguna vez el tiempo será como cemento que nos caerá encima. Entonces nos quedaremos en la postura última de nuestra vida: postrado en un sofá con los dedos deslizándose por la pantalla, en posición de flor de loto recitando un mantra, catapultados desde el tercer piso para acabar ensartados en las rejas que protegen la casa. Y nos señalarán con el dedo. Y dirán que éramos unos cobardes. Y el cemento se volverá verde. Y ya está.

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Los mares se convirtieron en sosa cáustica

Los mares se convirtieron

en sosa cáustica, en aros de cebolla,

en especia infinitesimal,

en carcomido trono de un rey sin piernas.

Y rugió de sus mareas

la poesía olvidada que

rescató ritmos de otras etnias

y casas en los árboles.

Dejó que los versos

se dedicaran a nadie

y abrumado por el paso del tiempo

el mar oxidó los recuerdos.

La sosa cáustica fue engullida

por refugiados de guerra

la cebolla caramelizó un aro de baloncesto

y la especia se espolvoreó

en el trono carcomido de un rey sin piernas.

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Tápate ojos, narices, tres monos

Tápate ojos, narices, tres monos

que suben la tapia, arramblan con todo

y miran atentos cigarro que fumas

y comen dispersos mirando a las ramas

y ríen colmillos en lengua de monos.

Tres monos de furia con ojos de noria.

Tres monos cojos, cegados, historia.

Érase una vez el dios mono que ayudó al dios ratón que ayudó al dios colibrí que ayudó al dios tejón.

Mientras las aceras desprenden

leprosos,

gangrenas,

olor a podrido.

Inciensos al viento, olor a divino.

Vete niña,

a pedirle al extranjero.

Vete niña,

y no toques agujeros.

 

Tápate ojos, narices, tú no quieres verlo

baldosas en llamas con rabos y cuernos.

La plaza rebosa de algunas miserias

tú tapas los ojos, no son cosa seria.

Ahí viene la india que te pone henna

Tú dices que no, que no, que no,

y viene el que te vende un juego de manos:

Tú dices que no, que no, que no,

y viene la mano puesta en un cuenco:

Tú dices que no, que no, que no.

Vete tú, niño, pídele más.

Y entonces te tapas los ojos, narices, tres monos

que ingieren más vitaminas 

que los niños desnudos de la plaza.

 

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Rito: Juggling Bahai

¿Qué pasaría si solo hubiera un dios y sus representaciones progresivas se cumplieran por orden cronológico en una sucesión de personajes históricos tales como Moisés, Zaratustra, Jesucristo, pasando por el bueno de Mahoma hasta llegar al señor Bahá’u’lláh? Pues no pasaría nada, pero la interrogación retórica interminable se me planteaba como una manera sencilla de explicar el bahaísmo.

Inmortalizado por un indio.

Inmortalizado por un indio.

 Estamos ante un dios progressive, con sus ideas universales de justicia, un sistema más o menos fiable en cuanto a la economía y su Meca particular en Haifa, Israel. Sin embargo, las casas de adoración bahaí están repartidas por el mundo. Aquí me encuentro en el Lotus Temple de Nueva Delhi, una creación psicodélica del arquitecto Fariborz Sahba que atrae a 3’5 millones de turistas al año (entre los que me incluyo).

En esta ocasión, el rito iniciático es un contrarrito. Una de las normas más extrañas que siguen los fieles de la fe bahaí es la de no afeitarse la cabeza ni tampoco dejarse pelos en el lóbulo de la oreja. Lo primero ya lo he incumplido. Para lo segundo estoy esperando a inyectarme hormonas homohominilupus.

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