Rito: Joan, 1096 días

IMG_0039

Joan en el suelo de la Mezquita Azul. 7 meses (aprox).

Irreparablemente. Así pasa el tiempo. Sin reparos, sin pararse. No decide por nadie, va agrietando el suelo de la terraza donde han crecido las plantas para que nuevas raíces se cuelen y perforen todo cemento que se les ponga por delante. Cuando llegaste a Varanasi no sabías caminar y ahora casi puedes refutar los tratados filosóficos de Séneca, te acercas y me cuentas qué haces en el cole, te enfundas el uniforme, te metes en la furgoneta roja, bye bye, see you later, alligator, chapurreas en inglés con los animales, pero a mí me hablas en un castellano que no admite fisuras. Más allá de algún “ponido” o “decido”, has puesto y has dicho tantas cosas que debería marchar a tu rebufo con una libretilla, apuntando la sapiencia de los tres años.

IMG_2074

En la terraza, donde las plantas piden paso al cemento.

Son 1096 días de paciencia o de impaciencia. De sudor o de alegrías. Son 1096 días donde también ha habido antibióticos y anticuerpos, antílopes y antesalas. Comes tostadas con aceite o con mantequilla. Y por eso el mundo es una elección: o aceite o mantequilla, o juegas a pelotas o juegas con los animales. O vamos andando o vamos en tu bicicleta. Agarras la bicicleta, la bajas escalón por escalón y atraviesas la puerta de entrada. Sales disparado y avistas pavos reales, los señalas, sigues con la bicicleta roja, llegas al templo, marcas autopistas en un parque, me das peajes imaginarios, “¿Cuánto es?”, preguntas con el hoyuelo, “Diez mil millones de rupias”, contesto. Entonces metes la mano en un bolsillo imaginario y empiezas a sacar dinero, a juntar los dedos simulando llevar la cantidad exacta de mil millones de rupias que se concentran en una moneda. A continuación, me das la moneda y sales de nuevo disparado.

joanbarca

Amanecer en el Ganges.

En 1096 días te conocemos. Dice Wikipedia que en el año 1096 termina la Guerra Civil Selyúcida, se funda la Universidad de Oxford y comienza la Primera Cruzada. Respiro el peso de la historia a tu lado, a veces cocinando, a veces caminando, a veces corriendo. A veces te leo el cuento de un topo. A veces me invento los cuentos que te leo. A veces te veo dormir y te leo como un libro tocho, algo así como 1096 páginas de vida. Y me da la sensación de leer todas las páginas al mismo tiempo.

DSC_2243

1096 días.

Anuncios
Etiquetado , ,

Gemelos

IMG_0055.JPG

La luz incide sin permiso. Creces el doble, multiplicas las preguntas, las rayas de ayer en la pared son los paralelos de nuevos mundos, unas autopistas donde algunas hormigas circulan y otras piden clemencia, pero todas, todas, todas, se orientan. ¿Cómo será tener a tu lado alguien igual que tú? No me refiero a un gemelo, sino alguien realmente igual a ti. Alguien que piense lo mismo en el mismo instante, alguien que te adivine los movimientos, alguien que diga al mismo tiempo la misma frase que tú. Varanasi da una tregua y deja de llover. La luz incide sin permiso. Por eso decimos que los días son gemelos de otros días.

 

Etiquetado , , ,

Rito: Torreta

joantorreta

De izq. a der.: Joan, Fatso, Rata de Cloaca, Mimosín, la Nina, Ratolí, Diplo, Niggy, Payés, Osito Turkish, Nuki y Babar.

Edificar. Ahora montas un chalecito adosado, luego unas viviendas sociales. Más tarde allanas el terreno donde antes había zarzamoras, lo entulles con cemento y plantas una central hidroeléctrica. Te vienes arriba, de eso no hay duda. Repasas una muralla, apilas los ladrillos con manos pakistaníes y te sale la mismísima torreta Burj Khalifa de Dubái. Desde el avión de Varanasi a Nueva Delhi ves monstruosas fábricas de ladrillo como ópalos. Por lo menos cincuenta. Respiras ladrillo. Y cada fábrica tiene una torreta grotesca, con humo grotesco y también indiferencia grotesca.

Vuelves a casa. Te acercas a la ciudad de la infancia y vas señalándole a tu hijito algunas cosas: aquí había un almendro, aquí solía sentarme con mi primera novia, todo esto era campo, todo aquello era tierra. Edifican en tercera persona. Recalifican terreno. Antes no y ahora sí. Traen materiales rápidos de montar, carcasas plásticas que parecen animales mitológicos. Hasta el océano lo colonizan. ¿Cómo te contaré que en pleno 2018 se pusieron de acuerdo para edificar torretas sobre el mar? ¿Cómo te contaré que el mar de Canarias se iba a llenar de pasta negra? ¿De chapapote vertiginoso? ¿De Marruecos sacándose el miembro y miccionando en la frontera de sus aguas territoriales? ¿De unas plataformas que son torretas cancerígenas y portadoras de especies invasoras? A mí me están robando el mar de la infancia y a ti te están robando el mar del futuro.

Me quedo con tus torretas y tu equipo de mantenimiento. Me quedo con tu clan edificador de peluches multicolores. Me quedo con nuestro cemento pulido y nuestras paredes de colores escatológicos. Me quedo como un enano. Salgo al balcón de la torreta y te saludo. No me ves, pero aquí estoy, en el noveno piso. Te saludo con la mano. “Hola, Joan”. Y tú puede que mires a cámara o que no mires a cámara. No sé si me oyes. Pero aquí estoy: en el año 2018 imagino que las únicas torretas que se plantan son las tuyas.

Etiquetado , , , , , ,

Rito: Joan, 731 días

Han pasado 731 (2016 fue bisiesto) días desde que saliste escopeteado del vientre. Eras el primer habitante del futuro, un hoyuelo en la genética que me dejó boquiabierto. Desde que llegaste yo no he parado la metamorfosis. Tú no has parado la metamorfosis.

joanfort

Joan. Varanasi. Casi dos años.

En 730 días caben miles de cosas. He aprendido cómo ser el home més fort del món. El tobogán quema, el limón es agrio, la pimienta pica. Si te da fiebre, aumenta mi preocupación que se desvanece cuando sonríes. Te volteas en Barcelona, te arrastras en Tenerife, gateas sobre Estambul, saltas en Varanasi. Tantos kilómetros sin protestar, ahora tren, ahora rickshaw, miles de cometas vuelan y tú comes arroz, legumbres, todo lo que te echen, comes fideos chinos, comes pescado, no protestas porque quieres estar grande y a la hora del bibi duermes abrazado a un oso letón. En definitiva, creces.

babu2

Joan. Estambul. 3 meses.

En 730 días has aprendido a contar bir iki üç dört bes, alumbrado por la estrellita sobre el mar. Te llevo en mi bicicleta, vas al templo, saludas a la vaca de mármol blanco, te tocas la frente y te tocas el pecho, un namaste y otro namaste, pones las manos pegadas, agarras el patín y sales disparado en una cancha que supone la inmensidad del mundo. En 730 días ves las pirámides de Giza, señalas la Osa Mayor, le dices “guapa” a la luna y sonríes. Nunca dejas de sonreír, aunque tengas pupas y el remedio sean cuatro “sana sana, culito de rana”. Tocas la tierra como el primer bebé del mundo y haces torres monumentales con los legos. Quieres aigua freda, porque el agua del tiempo no se puede beber en India. Me enseñas un idioma desconocido y zarandeas mi letargo de los días.

babu

Joan, Barcelona. 3 Semanas.

Días contigo: setecientos treinta. Con todos sus segundos y todas sus distancias, con papaya cortada a taquitos, el chocolate es para los grandes, Joan toma yogur o plátano, la luz es cálida en el salón y quieres ir a tender con Shanti la ropa a la azotea, te pongo la gorra de Snoopy y das cuatro saltos antes de salir por la puerta, así, sin pensarlo, como un niño tocado por la varita de Nietzsche o por el narrador extradiegético de Peppa Pig. Duermes a mi lado mientras yo devoro un libro tras otro, pero duermes, como si tú también leyeras historias del imperio chino o alguna batallita de Hemingway. Se hace el silencio y tu respiración me deja también dormido.

En 730 días, pongámoslo de este modo, te he querido con tanta fuerza que me duelen hasta los tímpanos.

Etiquetado , , , , ,
Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: